Una perspectiva islámica sobre la paz y la no violencia: Una experiencia turca, escrito por Dr. Zeki Saritoprak

Este estudio intenta analizar el enfoque islámico sobre la paz y la no violencia a través de una investigación de la experiencia turca. La primera parte explora la perspectiva del Corán y el hadiz sobre la paz y la no violencia.

 



 

Una perspectiva islámica sobre la paz y la no violencia: Una experiencia turca

 

Este estudio intenta analizar el enfoque islámico sobre la paz y la no violencia a través de una investigación de la experiencia turca. La primera parte explora la perspectiva del Corán y el hadiz sobre la paz y la no violencia.

Este estudio intenta analizar el enfoque islámico sobre la paz y la no violencia a través de una investigación de la experiencia turca. La primera parte explora la perspectiva del Corán y el hadiz sobre la paz y la no violencia. La segunda parte trata de las personalidades islámicas turcas que promovieron la paz y la no violencia a través de sus enseñanzas y actividades, tales como Suleyman Hilmi Tunahan (1888-1959), Mehmet Zahit Kotku (1897-1980) y especialmente Bediuzzaman Said Nursi (1876-1960) y Fethullah Gülen (1938-).

 

El Islam, como la etimología de la palabra sugiere, posee connotaciones de paz y sumisión. El Profeta Muhammad, en su descripción de los musulmanes, dice: «Un musulmán es aquel de cuya lengua y manos están a salvo sus hermanos en la fe».[1] Los valores que se hallan en el mismo núcleo del Islam constituyen el fundamento de la acción no violenta en la tradición.[2] Uno de los principios más importantes de la no violencia en el Islam está contenido en el conocido dicho del Profeta «La dharar wa la dhirar», que puede ser traducido como «no hagas daño y no recibirás daño».[3] En su vida personal, el Profeta fue un vivo ejemplo de paz y no violencia. Nunca se le atribuyó una violencia física ni verbal. En sus enseñanzas, él prohibió ejercer la violencia contra todas las criaturas. Aunque se defendió cuando sus seguidores y él mismo fueron atacados, hizo que la paz dominara tan pronto como fue posible, incluso a riesgo de su propia vida. Un ejemplo de esto es el Tratado de Judaibiya que tuvo un gran impacto en la relación del Profeta con los idólatras. El Profeta aceptó las duras condiciones de sus adversarios con el fin de lograr la paz. Al aceptar desarmarse para entrar en la ciudad de La Meca, se expuso a si mismo y a sus seguidores a una situación de grave riesgo, pero lo hizo para que todos ellos pudieran llevar a cabo la peregrinación de forma pacífica.[4] En este sentido, la acción del Profeta fue un gran ejemplo de resistencia no violenta a la opresión de la clase dirigente de La Meca. Aunque el mensaje que transmitió no prohibía la utilización de la fuerza cuando era preciso, él nunca consideró este punto como un aspecto esencial del mismo. El versículo coránico «La reconciliación es mejor» (4:128) constituye el fundamento de este mensaje. Este versículo hace referencia, en primer lugar, a las disputas familiares. Sin embargo, la terminología utilizada sugiere que la reconciliación es superior en todos los órdenes y niveles de la vida. Así pues, siempre que la paz era posible, el Profeta alentó todas las acciones dirigidas a lograrla. Incluso en medio de la guerra, «si (los enemigos) se inclinan por la paz, inclínate tú también, y confía en Dios» (8:61). Otro versículo coránico pide al Profeta y sus seguidores que resuelvan sus disputas mediante medios pacíficos. «Manteneos, pues, conscientes de Dios y haced la paz entre vosotros» (8:1). Un versículo similar señala que «si dos grupos de creyentes luchan entre sí, reconciliadles» (49:9). El Profeta abordó también los temas de la paz y la tolerancia en lo que respecta a las relaciones entre las personas. De hecho, el recopilador de hadices Bujari dedicó todo un libro de su colección a los dichos del Profeta sobre la paz.[5]

 

La paz y la no violencia van de la mano. La no violencia es un paso importante en el proceso hacia la consecución de la paz. El Corán describe la eterna morada de los creyentes en la otra vida como «dar al salaam» (la casa de la paz). «Dios invita (al hombre) a la morada de paz» (10:25). El saludo entre la gente del Paraíso es «Paz» o «Salaam» (10:10). En la otra vida, cuando los ángeles saluden a la Gente del Paraíso dirán «¡La paz sea con vosotros, porque habéis perseverado!» (13:24). A la gente virtuosa se le dirá: «¡Entrad aquí en paz y seguros para siempre!» (15:46). La paz es vista como un atributo de los creyentes, así como un atributo de Dios: «No oirán allí conversaciones vanas, ni incitación al pecado, sino nuevas de paz y firmeza espiritual». (56:26). Ésta es una referencia a la pureza y armonía eternas de los creyentes. Asimismo, la paz —As Salam— es uno de los más hermosos nombres de Dios. Para imitar a Dios, los musulmanes deben ser pacíficos. Como principio básico, el objetivo del Islam es hacer de este mundo un lugar donde la paz prevalezca y todas las criaturas estén protegidas pacíficamente con el fin de acercar a los seres humanos a Dios y uno de Sus nombres: As Salam. Como he mencionado antes brevemente, los primeros musulmanes sufrieron una fuerte persecución a manos de los idólatras en La Meca. Sin embargo, el Profeta no permitió durante un largo tiempo que sus seguidores se vengaran o emplearan la fuerza, ni siquiera como forma de autodefensa, a pesar de la constante presión que padecían. En lugar de ello, él les pidió que mostraran paciencia ante la persecución, lo que obligó a algunos de ellos a emigrar, abandonando su entrañable ciudad de La Meca, hasta Abisinia, donde hallaron paz y seguridad. El mismo Profeta del Islam, junto con su amigo más apreciado, se ocultó en una cueva para escapar a la persecución desatada en su contra, lo que le permitió llegar a la ciudad de Medina, adonde había sido invitado para promover un acuerdo de paz entre las conflictivas tribus árabes y judías. Gracias al enorme valor y la gloriosa posición que ocupaba el Profeta en el seno de la sociedad de Medina, los primeros musulmanes adquirieron los medios para defenderse contra los idólatras de La Meca. Sin embargo, el Profeta siempre prefirió la vía de la no violencia para responder al hostigamiento de estos últimos. Aunque Muhammad no está incluido en la lista de líderes religiosos que practicaron la no violencia durante sus vidas (como sucede con Buda y Jesús) no hay ninguna duda de que practicó la filosofía de la no violencia frente a la persecución a la que fue sometido. Esto fue así hasta que la revelación coránica dio permiso a los fieles para defenderse de los agresores: “Les está permitido combatir a aquellos que son víctimas de una agresión injusta —y, ciertamente, Dios tiene en verdad poder para auxiliarles—: aquellos que han sido expulsados de sus hogares, contra todo derecho, sólo por haber dicho: «¡Nuestro Sustentador es Dios!» (22:39-40). Debido a este permiso logrado para defenderse por medio de la fuerza contra sus atacantes, Muhammad es conocido entre todos los profetas con el nombre de «Sahib al qadib», el portador del bastón.[6] Una de las narraciones del hadiz nos proporciona un ejemplo revelador de la vida de Muhammad: Un beduino se acercó al Profeta y tiró de su ropa tan violentamente que dio la impresión de que la había rasgado debido a la violencia del tirón. El beduino, un árabe del desierto dijo: «Pido que me sea concedida una parte de la fortuna que Dios te ha dado”, en referencia a un botín que había sido conseguido. El Profeta se volvió hacia el hombre y le sonrió sin mostrar ningún tipo de ira ni enfado y luego ordenó que se le diera una parte.[7] Hay que señalar aquí que el Profeta estaba tratando de resolver los problemas de una de las sociedades más salvajes de la historia. El tratar de cambiar la mentalidad y las actitudes de la gente fue la tarea más difícil que tuvo que afrontar. Los historiadores han señalado que los miembros de la sociedad del Profeta habían llegado a tal grado de crueldad e insensibilidad en sus corazones que enterraban vivas a las recién nacidas, como un signo de honor tribal. El Corán, por su parte, condena severamente estas prácticas tribales (81:1). Las enseñanzas que el Profeta aportó transformaron a esas mismas personas, que cambiaron sus mentes y corazones, de tal modo que pasaron a mostrar compasión no sólo hacia todos los seres humanos, sino también hacia las criaturas más pequeñas de Dios. El Profeta no llevó a cabo este cambio por medio del uso de la fuerza. Fue, por el contrario, su mensaje pacífico y no violento el que cambio la mentalidad de su sociedad. Mediante el método de la paz y la no violencia, Muhammad transmitió la revelación del Corán a su pueblo. Como el propio Libro dice, su misión era sólo la de «transmitir con claridad el mensaje (que le ha sido encomendado)» (5:92). De este modo, él sufrió la persecución de los habitantes de La Meca con paciencia y continuó difundiendo su mensaje. Él pidió a su comunidad que mantuviera también esta actitud. El Profeta les advirtió asimismo en contra de futuras «fitnah», o fracturas dentro de la sociedad islámica, que aparecerían posteriormente, en forma de guerras civiles, tal y como el Profeta había predicho. Un compañero preguntó: «¿Qué debería realizar cuando acaecen tan grandes pruebas?». El Profeta respondió: «Quédate en casa y controla tu lengua».[8] Durante los tiempos de las guerras civiles, la mayoría de los compañeros evitaron la fitnah y la anarquía social. De hecho, esto se convirtió más tarde en un principio de la tradición sunní del Islam frente al desorden social y la anarquía. Al Gazali (m. 1111) es conocido por haber sido un fuerte defensor de este principio[9], que estaría más en línea con el principio de «evitar la provocación» o «no tomar parte», tal y como ha sido indicado por algunos eruditos de los estudios sobre la no violencia.[10] El Corán se refiere con frecuencia a las luchas de los profetas bíblicos, a los que presenta como ejemplos vivientes de paciencia y perseverancia. La historia coránica sobre los dos hijos de Adán, Caín y Abel, es contemplada por los sabios como un claro ejemplo de la no violencia dentro del Islam. Un versículo del Corán se refiere a ellos diciendo: «Y relátales, como exposición de la verdad, la historia de los dos hijos de Adán —como ambos ofrecieron un sacrificio, y fue aceptado el de uno de ellos pero no el del otro. (Y Caín) dijo: «¡Ten por seguro que te mataré!». (Abel) respondió: «Ciertamente, Dios sólo acepta de aquellos que son conscientes de Él. Aún si levantaras tu mano para matarme, yo no levantaré mi mano para matarte: en verdad, temo a Dios, el Sustentador de todos los mundos (énfasis añadido)». (5:27-28) El Islam enseña que alguien que lleva a cabo un mal llevará sobre sí la carga de todos los males realizados como consecuencia de ese primer acto maléfico cometido. De este modo, Caín lleva sobre sí la carga de todos los asesinatos llevados a cabo en la historia, ya que él fue el primero en cometer este crimen. Así pues, las características islámicas de una persona no violenta pueden ser halladas en la personalidad de Abel, que evitó la venganza. Habiendo quedado así establecida la adhesión del Profeta al principio de la no violencia, nos viene a la mente la cuestión de los actos en defensa propia temporales. ¿Utilizó el Profeta la violencia para responder a la agresión de sus enemigos? No hay duda de que el Profeta utilizó la fuerza como un medio de autodefensa cuando él y sus seguidores fueron atacados y no tenían otra forma de detener a los idólatras de La Meca. En este sentido, el Corán precisa: «Pero (recordad que un intento de) resarcirse de un mal puede convertirse, a su vez, en otro mal: así pues, quien perdone (a su enemigo) y haga las paces (con él), su recompensa será asunto de Dios, pues, ciertamente, Él no ama a los malhechores» (42:40). Aunque el Profeta se defendió de sus atacantes, frecuentemente practicó también el perdón. Su misericordia y perdón se extendieron incluso a sus enemigos. Se menciona en la colección de hadices que en la batalla de Gatfan y Anmar, el valeroso jefe de una tribu llamada Gauras se acercó maliciosamente al Profeta y, sujetando su espada por encima de la cabeza de éste, preguntó: «¿Quién te salvará de mí?». El Profeta respondió: «Dios» y rezó: «¡Oh Dios! Ayúdame contra él». En ese mismo momento, Gauras fue derribado por un misterioso golpe que recibió entre los hombros y su espada se le cayó de la mano. El Profeta cogió la espada y le preguntó: «Y ahora, ¿quién te salvará de mí?». El Profeta, sin embargo, le perdonó y le permitió que regresara a su tribu. Su gente se sorprendió al ver que un hombre tan valeroso no había podido hacer nada contra el Profeta. Ellos le preguntaron: «¿Qué te ocurrió? ¿Por qué no pudiste hacer nada?». Él les contó lo que había ocurrido y añadió: «Vengo ahora de la presencia del mejor de los hombres»[11]. A los musulmanes se les requiriere que luchen contra la injusticia dondequiera que la encuentren. Sin embargo, esta lucha no debe producir una injusticia aún peor. Si éste llegara a ser el caso, el Corán ofrece una alternativa: la paciencia y la oración. El Libro declara que si las personas son objeto de una persecución o de burlas, deben soportarlo con paciencia y serán recompensados por ello (23:107-111). La aseveración coránica de «Dios está con los pacientes» se ha convertido así en una fuente de insuperable fortaleza para los creyentes. De este modo, uno debería responder a la opresión practicando una resistencia activa, pero no violenta. El Profeta señala que “la mejor caridad es una palabra justa ante un rey opresor.” Esta resistencia ha de tomar una forma positiva, como señala el siguiente versículo coránico: “Pero (ante lo que digan o hagan), repele el mal (que hacen) con algo mejor.” (23:96). Muchos sostienen que el Corán enseña algunos métodos de resistencia no violenta a través de los relatos sobre algunos profetas, como Moisés. Así por ejemplo, un versículo coránico señala que cuando Dios pidió a Moisés y Aarón que transmitieran Su mensaje al Faraón les dijo: “Habladle en un lenguaje amable.” Este énfasis en la utilización de un lenguaje correcto durante la conversación con un tirano como el Faraón nos demuestra claramente la importancia de la no violencia en la enseñanza coránica. En la misma historia, podemos encontrar otro ejemplo de resistencia no violenta en la declaración de los magos (del Faraón), que habían recibido una amenaza del propio Faraón. Cuando ellos (impresionados por el poder que exhibió el Profeta Moisés) dijeron: “Creemos en el Dios de Moisés,” el Faraón les recriminó con fuerza y amenazó con crucificarles. Su respuesta, ante tal amenaza, fue: “¡No hemos de preferirte a ti a toda la evidencia que nos ha llegado, ni a Aquel que nos ha creado! ¡Decreta, pues, lo que vayas a decretar: tú sólo puedes decretar (en lo relativo a) esta vida!” (20:72).

 

En nuestro mundo contemporáneo, la no violencia se ha convertido en una forma importante de abordar los conflictos. Muchos sabios y eruditos han tratado de explicar el término “no violencia” comparándolo con otros distintos en lugar de tratar de definirlo. La siguiente definición nos proporciona, sin embargo, una visión de conjunto apropiada de este término: “Es un conjunto de ideas sobre la moral, el poder y los conflictos que lleva a sus defensores a rechazar el uso de la violencia en sus esfuerzos dirigidos a lograr fines sociales o políticos.”[12] En los últimos siglos, la no violencia está asociada con algunas figuras mundialmente conocidas, tales como León Tolstói (1828-1910) en Rusia, Mahatma Gandhi (1869-1948) en la India, Albert Luthuli (1898-1967) en Sudáfrica y Martin Luther King, Jr. (1929–1968) en EEUU.

 

Cabe señalar que los maestros y líderes espirituales sufíes mencionados anteriormente, aunque son menos conocidos, proporcionaron también notables ejemplos en el camino de la paz y la no violencia en Turquía. A pesar de las fuertes presiones de los sectores ultralaicos contra estas personas, su adhesión a la no violencia ha contribuido a crear un ambiente más pacífico y seguro en el país. La idea central aquí es que el resistir a la violencia con más violencia crea un círculo vicioso e incrementa el nivel general de violencia. Un proverbio turco dice: “No puedes extinguir un incendio con un fuelle” o como Tolstói señala, las acciones violentas contra el mal sirven sólo para añadir más leña al fuego[13]. Aunque estas personalidades turcas han sido el foco de atención de los eruditos en los últimos años, no están desgraciadamente incluidas en las listas de los que han practicado efectivamente la no violencia como forma de activismo.[14]

 

Suleyman Hilmi Tunahan, el maestro de la tarika sufí de los Naqshbandi, fue conocido por su piedad y actividades de enseñanza del Corán. A pesar de la severa vigilancia y represión contra sus actividades por parte del gobierno turco de aquel tiempo, uno no encuentra ningún registro que señale que este sheij sufí fue violento en sus acciones. En lugar de responder violentamente a sus perseguidores, él continuó poniendo énfasis en la enseñanza del Corán y pidió a sus seguidores que hicieran lo mismo. De igual modo, Mehmet Zahit Kotku, otro maestro sufí Naqshbandi, tuvo también un gran impacto en la vida económica, social y política de Turquía. De nuevo y pese al hecho de que las hermandades u órdenes sufíes estaban oficialmente prohibidas, Kotku logró continuar sus enseñanzas y evitar con éxito la violencia en sus protestas contra dicha prohibición.

 

Otras dos grandes figuras islámicas de la Turquía contemporánea, Said Nursi y Fethullah Gülen, no han pertenecido a ninguna orden sufí, pero sin embargo han tenido una notable influencia espiritual en el tejido social del país. Pocas personalidades internacionales de relevancia resultan tan poco conocidas en el mundo occidental como Nursi, que ha sido durante toda su vida un campeón de la no violencia. Como este trabajo demostrará, él fue una de las principales figuras dentro del campo de la paz y la no violencia en la tradición islámica de nuestro último siglo. Nursi, que es conocido por ser uno de los renovadores (muyaddid) del Islam[15], se encuentra entre las figuras islámicas que han promovido la teología de la no violencia en su lucha contra los opresores y para evitar las transgresiones a los derechos de las personas inocentes dentro de la sociedad.  Luchó en la Primera Guerra Mundial y fue testigo de primera mano de los horrores del campo de batalla. Además, fue herido y pasó dos años como prisionero de guerra en Siberia. De este modo, él era muy consciente de las realidades espantosas que la guerra puede causar y, de hecho, causa.

 

El planteamiento de Nursi sobre la no violencia parece único en el contexto del moderno activismo islámico contemporáneo. A pesar de la implicación de sus contemporáneos musulmanes en actividades de oposición de tipo político a sus respectivos gobiernos y a Occidente, Nursi prefirió evitar todo esto. Él llamó a sus discípulos “servidores civiles voluntarios de seguridad” (asayis memurlari). Además, describió su idea del activismo político no violento con el término “musbet hareket” o “acción positiva”. Esta expresión incluye dentro de sí la esencia y los principios más relevantes de la filosofía de la no violencia promovida por las enseñanzas de Nursi. Para él, la noción de acción positiva es más profunda que la simple abstención de la violencia. Resulta evidente al leer sus escritos que a Nursi le importaban en su corazón todas las personas, incluyendo aquellas que le perseguían. Aunque fue envenenado por sus opresores más de 17 veces, Nursi nunca intentó responder del mismo modo; en lugar de ello, pidió a sus discípulos que evitaran cualquier tipo de venganza.[16] Uno aún puede sentir la repercusión, puede escuchar la reverberación de las palabras del versículo coránico que narra la mencionada conversación entre los hijos de Adán en la petición de Nursi a sus devotos seguidores: “Queridos hermanos, os pido por los inocentes y por los ancianos, que si soy asesinado por mis enemigos no toméis venganza. La tortura de la tumba y el fuego del Infierno será suficiente para ellos”.[17] Desde 1926 hasta los años sesenta, una época en la que todas las creencias religiosas fueron duramente perseguidas en Turquía, Nursi y sus seguidores fueron encarcelados en ocasiones. A pesar de todas las persecuciones a las que tuvieron que hacer frente, nadie puede encontrar, sin embargo, rastro alguno de una predicación del odio en los escritos de Nursi. A diferencia de muchos de los que practican la no violencia hoy en día, Nursi no tenía ningún objetivo político. Su única meta era lograr que la gente se ganara la vida eterna. Él estaba convencido de que la victoria no se conseguiría a través de la fuerza, sino por medio de convencer a los demás de que las ideas propias eran las correctas. Al mismo tiempo que señalaba que la espada física no debía ser utilizada, Nursi representó la verdad coránica como una brillante espada de diamante que negaba a la espada física. La destrucción que la violencia puede causar provocó, pues, que Nursi evitara todo tipo de lucha física. Su famosa carta de despedida a sus estudiantes es considerada un buen ejemplo de ello. La carta comienza con la siguiente declaración: “Queridos hermanos, nuestro deber es realizar acciones positivas y no negativas, y servir a la fe haciendo lo que le agrada a Dios. No debemos interferirnos en las prerrogativas de Dios. Debemos responder a todas las dificultades a las que hacemos frente durante nuestras tareas de servicio a la fe con paciencia y gratitud. Tal servicio protegerá a nuestra sociedad del desorden.”[18] Aunque la carta parece contener diversos elementos de pacifismo, aquellos que conocen la biografía de Nursi no lo clasificarían como un pacifista pasivo. Él fue un defensor de la acción positiva. Se oponía a la actitud pasiva del “no me importa” o, en las propias palabras de Nursi, el “nemelazim”. Para él, esta actitud servía sólo para producir dictaduras.

 

Nursi advirtió, como medio de superar la violencia, en contra del deseo desmedido de poder y riquezas. Él igualó a la política con el poder y manifestó, con frecuencia, que tanto él como sus estudiantes no tenían la intención de participar en política debido al peligro que existía, en ese caso, de que se vieran compilados a usar la fuerza. Nursi dijo que “no tenemos el bastón de mando de la política en nuestras manos. Tenemos dos manos en las que sostenemos la luz. Si tuviéramos cien manos, sostendríamos también con ellas la luz”. La luz significa, en las enseñanzas de Nursi, la paz, la armonía, la inteligencia y todo lo que es positivo. Para él, nadie debe oponerse a la luz, ya que ésta beneficia a todos por igual. Por supuesto, Nursi no estaba en contra de participar en política si ello servía para beneficiar al pueblo, pero veía los peligros que se producen cuando el poder está basado en intereses personales. Otra de las principales razones para su abandono de los temas políticos fue que advirtió que la política podía cambiar a peor incluso a una persona piadosa. En su experiencia, él vio a un individuo piadoso que militaba en cierto partido acusar de satanismo a un hombre que tenía un comportamiento irreprochable sólo porque pertenecía a un partido de la oposición. Tras observar los peligros del partidismo, Nursi prefirió abandonar la política y acuñó su famosa frase “Me refugio en Dios de Satanás y de la política.”[19]

 

Con el fin de evitarla, Nursi llevó a cabo lo que los eruditos de la no violencia llamarían “retirada del sistema social”. Él creía que las actividades y escritos espirituales ayudarían a la gente a comprender la realidad de la otra vida. Así pues, realizó una emigración espiritual y eligió vivir de una manera ascética. Este modelo de Nursi de la no violencia, que le llevó al extremo de evitar todo tipo de actividad política, resulta, en realidad, desconocido. Incluso Gandhi, un héroe de la no violencia, se convirtió luego en presidente de la India. Al igual que su contemporáneo musulmán Khan Abdulgaffar Khan (1890-1988)[20], que luchó contra la ocupación británica de la India y promovió la educación como el medio más importante para el desarrollo de los musulmanes, Nursi sostuvo que en el mundo civilizado no debía haber lugar para la violencia. En una de sus cartas sobre las relaciones entre musulmanes y no musulmanes, escribió: “Nuestra actuación en relación a los no musulmanes debe estar basada en la persuasión. Esto es así porque sabemos que son personas civilizadas. Es nuestro deber mostrarles que el Islam es algo noble y hermoso.”[21]

Más tarde, Nursi desarrolló esta idea en el contexto de la cooperación interreligiosa, en especial entre cristianos y musulmanes. Él basó la filosofía de su enseñanza en el principio de “ama el amor y odia el odio.”[22] Para Nursi, los mayores enemigos de la palabra de Dios eran la ignorancia, la pobreza y la desunión. Él creía que, en la era de la razón y el conocimiento, la yihad de los musulmanes debe ser realizada a través de las brillantes pruebas del Corán y no mediante el uso de la fuerza. Asimismo, consideraba que cada versículo del Corán era mucho más fuerte que la espada utilizada en la batalla. Creía, así, en el poder de la palabra: “La forma de tratar con la gente civilizada es a través de la vía de la persuasión y no de la fuerza, que se aplicó a las gentes salvajes que no entendían las palabras.”[23] De este modo, Nursi describió nuestra era como el tiempo de la yihad espiritual y afirmó que “la lucha contra la destrucción espiritual no debe ser física, sino igualmente espiritual.”[24] Haciéndose eco de la famosa declaración de Tolstói, que dice: “El amor y la violencia no pueden ir juntos, pues esto es una contradicción similar a la de un fuego frío o un hielo caliente”[25], Nursi enseña que el amor y el odio no pueden convivir juntos en el corazón. “Nos sacrificamos al amor. No hay en nuestros corazones lugar para el odio”. Él creía que las dos guerras mundiales habían demostrado a los seres humanos el poder destructivo del odio. De este modo, “la era del odio debe terminar. Incluso la enemistad del enemigo, si no desemboca en una agresión, no debe atraer nuestro odio.”[26]

Said Nursi extrajo su preferencia por la no violencia de los principios teológicos y éticos del Islam. Uno de los principios que utilizó como fundamento de su método es el recogido en el siguiente versículo del Corán: “Nadie habrá de soportar la carga de otro” (6:164). En otras palabras, nadie puede ser culpado por los crímenes de los demás. Según el enfoque de Nursi, este principio es ignorado, en nuestro tiempo, debido a la violencia y los tumultos de tipo social. Este versículo señala claramente que nadie puede ser considerado un criminal a causa de su pertenencia a un grupo étnico, origen o nacionalidad, o a su parentesco con un criminal. En nuestros tiempos modernos se justifica el asesinato de centenares de personas para castigar a un solo criminal. Sin embargo, según el enfoque de Nursi, un padre no puede ser castigado a causa del crimen de su hijo y una esposa no puede ser castigada debido a la acción criminal de su marido. En caso de violencia, los derechos de los inocentes deben quedar salvaguardados. Cabe señalar que los terroristas actuales ignoran claramente este principio básico del Corán. Por esta razón, Nursi dedicó su vida a promover el orden en la sociedad. Él afirmó incluso que “Si yo tuviera cien almas, las sacrificaría todas para lograr el orden en la sociedad e impedir la destrucción de los derechos de las personas inocentes.” Refiriéndose a los anteriormente mencionados versículos coránicos, a los que describe como los fundamentos de su pensamiento, Nursi formuló la siguiente declaración: “Con el fin de no dañar a 95 personas a causa de cinco criminales, y para no causar un daño a los niños y las familias a causa de un criminal, el Tratado de la Luz  (la principal obra de Nursi) proporciona una perspectiva que permite impedir la anarquía social y asegurar el orden, a la que vez que sirve para fortalecer la fe de la gente.” Nursi observó que sus escritos afectaban a las personas hasta el extremo de que, tras el conocimiento de los mismos, su conciencia moral ya no les permitía contribuir a la anarquía y el desorden social.[27] Con el fin de resaltar la importancia del orden social y de la solidaridad dentro de la sociedad, él puso el ejemplo de las piedras que sostienen una cúpula: “Pese al hecho de que hay una piedra en una cúpula, cuando sale de las manos del constructor, ella obedece inclinando su cabeza para cooperar con sus compañeras de tal modo que todas ellas colaboran en impedir que la cúpula se caiga. Desgraciadamente, los seres humanos no han aprendido el secreto de la cooperación dentro de sus sociedades. Al menos, deberían extraer una lección de estas piedras”.[28]

 

En respuesta a la acusación del gobierno de que estaba incitando a la desobediencia social, Said Nursi dijo que él servía al orden social mejor que un centenar de jefes de policía. En su obra «Risale-i Nur» (El Tratado de la Luz), él menciona cinco pilares de armonía que protegen a la sociedad del desorden social y la anarquía. Estos pilares son la compasión, el respeto a los demás, la confianza, la conciencia de lo lícito y lo ilícito y el respeto a la ley.[29] Según Nursi, es imposible asignar un policía a cada miembro de la sociedad. Sin embargo, si la sociedad respetara estos principios, habría un policía espiritual en el corazón de cada persona. En algunas de las cartas a sus estudiantes, Nursi defendió todas las alternativas posibles con el fin de evitar la violencia y de no atraer tampoco la violencia de sus adversarios contra él mismo. Así por ejemplo, utilizó un recurso que los eruditos de la no violencia denominan “el método del silencio”. En su comunicación con los estudiantes, él recogía muchos aspectos, pero en lo referente a determinados asuntos políticos sensibles, decía: “No se me permite hablar de este tema. El silencio es, pues, necesario ahora.”

 

Otro método que utilizó fue la “limitación de la culpa de un crimen a un grupo reducido.” Este método fue extraído del ya mencionado versículo que dice que nadie habrá de soportar la carga de otro. Nursi evitaba la generalización en sus relaciones con el partido gobernante, que le consideraba una gran amenaza para su propia supervivencia. Él evitaba, pues, formular acusaciones contra el conjunto de los miembros del partido. En lugar de ello, culpó únicamente al 5% de ellos. Asimismo, prefirió la vía del perdón, incluso para los torturadores. Al escribir acerca del fiscal que había solicitado la pena de muerte contra él en su juicio, Nursi señaló: “Ni siquiera rezo a Dios para que le castigue.” Según sus biógrafos, la razón por la que no rezó pidiendo justicia fue que estaba preocupado por la hija pequeña del fiscal, a quien él conocía. Si algún mal o sufrimiento le acaecía a aquel hombre, nadie cuidaría de esta niña inocente y le mostraría la compasión de un padre. Nursi creía que los medios para lograr un fin justo han de ser igualmente justos. Uno no puede lograr un fin noble a través de un medio perverso. El camino de la no violencia es el medio más seguro para evitar el utilizar dichos medios perversos durante la lucha espiritual. Los biógrafos de Nursi también narran una historia de su juventud en el este de Anatolia. Según este relato, un grupo de líderes tribales kurdos le visitaron para pedirle permiso para llevar a cabo una revuelta contra el gobierno recién instalado en Ankara. Su objetivo era establecer la ley islámica en el país. Nursi les recordó que la revuelta llevaría a un empeoramiento de la injusticia y la anarquía. Él les pidió, pues, que abandonaran el plan y eventualmente ellos le obedecieron.[30] Nursi consideraba, de este modo, que una sociedad pacífica no puede ser lograda mediante acciones violentas. Las enseñanzas de Nursi fueron muy apreciadas en Turquía en el tiempo de conflicto y anarquía que fueron los años sesenta y ochenta del S. XX. Sus estudiantes y seguidores nunca tomaron parte en las luchas de aquel tiempo. En lugar de ello, jugaron un papel fundamental en la reconciliación de la sociedad. Incluso cuando una ola de enfrentamientos armados entre izquierdistas y nacionalistas costó la vida a unas 10.000 personas en el país, los seguidores de Nursi continuaron viviendo tranquilos y evitaron implicarse en estos hechos. Uno de sus estudiantes escribió un libro en el que planteaba propuestas sobre cómo impedir que la gente cayera en este estado de violencia y cómo poner fin a la lucha sangrienta que azotaba el país.[31] En esta coyuntura, es apropiado mirar a otro influyente sabio y pensador islámico en Turquía, Fethullah Gülen, que emergió como una influyente personalidad pública en los años setenta, después de que su prédica y discursos se hicieran famosos entre grandes sectores de la sociedad turca. Al igual que Nursi, Fethullah Gülen, también practicó la no violencia dentro de su activismo. Su experiencia y sufrimiento personal jugaron un papel fundamental en el diseño de su planteamiento sobre la no violencia. Él mismo fue testigo de la mencionada lucha entre partidarios de la extrema-izquierda y ultra-nacionalistas, que causó la pérdida de miles de vidas, la mayoría de ellas muy jóvenes. Por otro lado, fue testigo también de la lucha de la guerrilla kurda contra el gobierno turco, que costó 30.000 vidas en el espacio de 15 años. Tras ser acusado de quebrantar la ley, concretamente el artículo 163 de la Constitución turca, que prohibía las actividades religiosas, Gülen pasó varios meses en prisión en los años setenta, aunque al final fue absuelto. Gülen dedicó sus esfuerzos a promover la paz y la no violencia. Durante el tiempo de su lucha, él siempre recordó a sus seguidores que debían evitar implicarse en conflictos, incluso aunque él fuera asesinado. En relación a esto, Gülen dijo lo siguiente: “Mis admiradores saben que cuando la anarquía estaba extendida por todo nuestro país, hice un llamamiento en favor de la calma y del control de la ira social. Yo había recibido amenazas de muerte. Sin embargo, pedí a mis seguidores que continuaran trabajando por la paz: “Si soy asesinado, y pese a toda la ira que sintáis, os pido que enterréis mi cuerpo y os dediquéis a promover el orden, la paz y el amor dentro de nuestra sociedad. Independientemente de lo que suceda, nosotros, los creyentes, debemos ser representantes del amor y la seguridad.” Yo continuo diciendo lo mismo hoy”.[32]


Con el fin de trabajar en la resolución de los problemas sociales y llevar la armonía a la sociedad, Gülen promovió la cooperación entre los diversos segmentos de la sociedad, en particular la colaboración con los seguidores de otras religiones diferentes al Islam y también con los sectores laicos de Turquía. Con este propósito de promover la cooperación y la armonía entre los diferentes grupos en conflicto dentro de la sociedad turca, él fue una de las personalidades de renombre que estuvieron detrás de la creación de una ONG denominada «Fundación de los Periodistas y Escritores» (Gazeteciler ve Yazarlar Vakfi) (FPE).

 

Esta organización consiguió atraer con éxito a personas de diferentes ideologías para que colaboraran en su proyecto de reconciliación social denominado “Plataforma Abant”. La FPE amplió más tarde sus actividades organizando encuentros fuera de Turquía, como uno sobre la compatibilidad entre Islam y democracia que tuvo lugar en la Universidad de John Hopkins, en Washington D.C., en abril de 2004. Con el fin de construir el mundo pacífico del futuro, Gülen anima a sus admiradores a establecer instituciones educativas dentro y fuera de Turquía, con una atención especial a las áreas donde se produce una escalada en los conflictos étnicos y religiosos, como es el caso de Albania, Kosovo, Macedonia, Filipinas, Aceh, el norte de Irak y el Sureste de Turquía. Las escuelas de Gülen han desempeñado un papel notable en la disminución de los niveles de conflicto en estas zonas. Mientras visité Macedonia en el verano de 2004 tuve la oportunidad de visitar una de estas escuelas, establecida por unos empresarios turcos admiradores de Gülen. Me dijeron que durante el conflicto entre albaneses y eslavos, ambos lados llevaban a sus hijos a la escuela, que se convirtió en un refugio de paz, con el fin de evitar que se implicaran en el conflicto.[33] A estas escuelas acuden niños de todo tipo, con independencia de su origen étnico o adscripción religiosa. Gülen utiliza la cooperación interreligiosa con el fin de fomentar la cooperación y el diálogo que impida futuros choques y la violencia entre los adherentes a diferentes religiones. De este modo, se ha convertido en un símbolo de la cooperación interreligiosa en Turquía. Él se entrevistó con el Papa Juan Pablo II[34], así como otros líderes religiosos, como el Patriarca Bartolomé I, líder espiritual de 300 millones de cristianos ortodoxos, y el Gran Rabino de Israel, con el fin de desarrollar la colaboración interreligiosa en diversos campos y ayudar a llevar la paz a nuestro mundo. Gülen cree que la cooperación entre distintas religiones se ha convertido en un imperativo hoy en día. Por diversas razones, los musulmanes mostraron una negligencia en lo que respecta a seguir su propia tradición en este terreno, pese a que tal cooperación tiene un sólido fundamento en el núcleo de las enseñanzas islámicas. Refiriéndose a la constitución de Medina, Gülen señaló que el propio Profeta practicó este tipo de colaboración. Él considera que la cooperación interreligiosa resulta obligatoria para los musulmanes, como forma de fortalecer la paz y la armonía.[35] Como víctima que fue de una persecución por motivos religiosos, Gülen aboga también decididamente por la libertad religiosa tanto para musulmanes como para no musulmanes. La norma de la armonía alentada por Gülen gozó pues de un amplio predicamento hasta el 28 de febrero de 1997, cuando tuvo lugar un semigolpe de estado. Se inició entonces una campaña de ataques contra Gülen, que se convirtió en un obstáculo para la difusión de sus enseñanzas. Gülen, que sufre de un problema de corazón, tuvo que abandonar Turquía e instalarse en EEUU debido a la situación en su país y a la necesidad de lograr una mejor atención médica. Algunas grabaciones de video maliciosamente recopilados por sus enemigos le acusaban de tratar de tomar el control del estado.

 

Sin embargo, Gülen continúa practicando la teología del diálogo, puesto que considera que sus enseñanzas están bien asentadas en los principios del Islam. Él ha escrito varios artículos sobre este tema. Interpretando el hadiz que describe a los musulmanes como aquellos que nunca dañan a sus hermanos con sus lenguas y sus manos, Gülen dice lo siguiente: “Los auténticos musulmanes son gente en la que se puede confiar y que ofrecen seguridad, de tal modo que los otros musulmanes pueden darles la espalda sin albergar dudas o sospechas (sobre cuál será su actitud y comportamiento). Éstos últimos pueden confiarles incluso a un miembro de su familia, ya que saben esta persona estará completamente a salvo de la mano o la lengua de los musulmanes. Si acuden juntos a un encuentro, la persona puede abandonarlo confiando de forma absoluta en que nadie la criticará; tampoco tendrá que escuchar cotilleos acerca de otras personas. Tales musulmanes son tan sensibles con respecto a la dignidad y el honor de los demás, como a los suyos propios. Ellos no comen; alimentan a otros; no viven; hacen vivir a los demás. Incluso sacrificarán su placer espiritual por causa de otras personas”.[36]

 

Refiriéndose a un poema de Yunus Emre (fallecido en 1231), el famoso místico turco, Gülen señala que «debemos actuar como “si no tuviéramos mano” con respecto a aquellos que nos golpean, y como “si no tuviéramos lengua con respecto a aquellos que nos maldicen”. Si intentan dañarnos cincuenta veces, debemos permanecer inalterables y tratar a todo el mundo con amor y compasión. Amándonos los unos a los otros caminaremos juntos hacia el mañana».[37] La Fundación sobre Espiritualidad de Kirguizistán le recompensó con un galardón por su contribución a la paz mundial por medio de sus esfuerzos educativos.[38]

 

La victoria para Gülen es siempre espiritual. Él frecuentemente se refiere a la victoria espiritual de Nursi, como la única real. También nos proporciona un ejemplo de la historia, señalando que “Tariq bin Ziyad, el musulmán que conquistó España, salió victorioso, no porque derrotara al ejército visigodo, sino porque supo sacrificarse cuando se halló ante considerables riquezas y se dijo: “¡Ten cuidado Tariq! Ayer eras esclavo; hoy eres un jefe victorioso; mañana estarás bajo tierra”.[39] En las enseñanzas de Gülen, la fuerza espiritual es mucho más poderosa que la victoria militar de Tariq. Éstas son las cosas que hacen que la teología de no violencia sea esencial dentro del planteamiento de Gülen. Según él, el amor es una fuerza que no puede derrotarse y el amor hacia los demás lleva al sacrificio y el servicio a otros. El sacrificarse por la causa del servicio a los demás es una parte esencial de sus enseñanzas. Él señala que los héroes son aquellos que no viven para sí mismos, sino para los demás. Un atributo de paz en las enseñanzas de Gülen es la compasión y el amor no sólo a los humanos, sino también hacia los animales. Durante una conversación privada que mantuve con él, Gülen describió un ejemplo, en el que su práctica de la paz y la no violencia abarcó incluso a un insecto que encontró en el lavabo de su cuarto de baño; él pasó un tiempo tratando de rescatarlo, porque sabía que era una criatura de Dios y no debía dejársele morir.[40] Gülen mantiene el mismo enfoque no violento en lo que respecta el mundo natural. Él promueve una relación armónica entre los seres humanos y la naturaleza diciendo: “El milagroso estado de la naturaleza demuestra la existencia de algo más sutil, algo que está más allá de su propia belleza, algo que apunta al Que la ha creado con tanta belleza y que quiere ser percibido a través de Su creación y que, sin embargo, no puede ser abarcado debido a Su majestad”.[41] Hoy en día, nos guste o no, muchos están orgullosos de fabricar las armas más sofisticadas y las mayores bombas que se emplean para matarse los unos a los otros. En una era en la que el Islam es equiparado a la violencia y la barbarie, esta experiencia turca de la no violencia, fundada en las enseñanzas del Islam, representa una alternativa viable. Esta vía ha sido seguida y practicada con éxito por millones de personas durante casi un siglo. Espero que esta historia de éxito atraiga la atención de los estudiosos a nivel global.


[1] Al Bujari, Libro II (Creencia), Hadiz n 10.
[2] Para términos como adl (justicia), ihsan (hacer lo que es hermoso), rahmah (misericordia), hikmah (sabiduría) y sus relaciones con el concepto islámico de la no violencia, ver Mohammed Abu-Nimer, «Nonviolence and Peace Building in Islam», (Gainesville: University Press of Florida, 2003), 37–47.
[3] Uno puede hallar una gran similitud entre este dicho profético y la enseñanza de Gandhi acerca de la ahimsa, un término sánscrito que significa «ausencia de daño» (ver Thomas Merton, Gandhi on Nonviolence: a Selection From the Writings of Mahatma Gandhi, (Nueva York: New Directions Publishing, 1964), 23. Ver también William Robert Miller, Nonviolence a Christian Interpretation, (New York: Schocken Books, 1966), 23–32.
[4] Al Bujari, Libro XLIX (Sulh - sobre hacer la paz), hadiz nº 862.
[5] Ver al Bujari Libro XLIX (Sulh - sobre hacer la paz). Este libro en particular contiene una sección especial sobre mérito de promover la paz entre partes en conflicto.
[6] Ver Said Nursi, Mebtubat (Las Cartas) (Estambul: Sozler Yayinevi, 1994), 162.
[7] Al Bujari, Libro LIII (Jumus, Una Quinta Parte del Botín para Al-lah), hadiz nº 377.
[8] Abu Daud, Sunan, hadiz n 4329.
[9] Ver Al Ghazzali, Al Iqtisad fi al-I tiqad, (eds.) Ibrahim Agah Cubukcu y Huseyin Atay (Ankara: Nur Matbaasi, 1962).
[10] Gene Sharp, Exploring Nonviolent Alternatives. (Boston: Porter Sargent Publishers, 1970), 36–37.
[11] Ver Al Bujari, Libro LII (yihad ), hadiz nº 158. Nursi, Risale-I Nur Kulliyati, vol. I, 426.
[12] Para ver varios términos y definiciones, consultar William Robert Miller, Nonviolence, 23–32.
[13] Citado en William Robert Miller, Nonviolence, 49.
[14] Ver Gene Sharp, The Politics of Nonviolent Action, 3 volúmenes (Boston: Porter Sargent Publishers, 1973). Ver también Manfred B. Steger y Nancy S. Lind (eds.), Violence and its Alternatives: An Interdisciplinary Reader. (New York: St. Martin’s Press, 1999), 293–351. Con la excepción de algunos estudiosos como Douglas Karin Crow “Islam, Peace, Nonviolence: a Select Bibliography.” De éstos, sólo Nursi está incluido entre los defensores de la no violencia. Ver Nonviolence International. www.aviusa.com
[15] Hamid Algar “The Centennial Renewer: Bediuzzaman Said Nursi and the Tradition of Tajdid” Journal of Islamic Studies, 12:3 (2001), 291–311.
[16] See Necmeddin Íahiner, Bilinmeyen Taraflariyle Bediuzzaman Said Nursi (Los aspectos desconocidos de la vida de Nursi). (Istanbul: Yeni Asya Yayinlari, 1979), 341–2.
[17] Nursi, Risal-i Nur Kulliyati, vol. I, (Estambul: Nesil Yayinlari, 1996), 1060.
[18] Ibid., vol. II, 1912.
[19] Ibid., vol. II, 1797.
[20] Khan Abdulgaffar Khan fue un líder espiritual de Afganistán que se opuso a la ocupación británica de la India. Como devoto musulmán creía que la única forma de hacer avanzar a los musulmanes era por medio de la educación. Él fundó una organización llamada Judai Jidmatkar, o los Siervos de Dios. Los miembros de su organización hacían la siguiente declaración: “Yo nunca emplearé la violencia. No seré vengativo.”  (ver Manfred Steger, Ibid., 350).
[21] Nursi, Risale-i Nur Kulliyati, vol. II, 1931.
[22] Ibid., vol. II, 1930.
[23] Ibid., vol. II, 1921, 1930.
[24] Nursi, Risale-i Nur Kulliyati, II, 1914.
[25] Leon Tolstoi, The Law of Love and the Law of Violence, tr. Mary Koutouzov Tolstoi. (Nueva York: Rudolph Field, 1948). Para la frase ver A Confession and Other Religious Writings, tr. Jane Cantish (Harmond Worth, U.K.: Penguin Books, 1987), 176.
[26] B. S. Nursi, Mektubat, 418.
[27] Said Nursi. Risale-i Nur Kulliyati. vol. II, 1910.
[28] Ibid., 1981.
[29] Nursi, Kastamonu Lahikasi (El Suplemento de Kastamonu), (Estambul: Sinan Matbaasi, 1958), 241.
[30] Necmeddin Íahiner, Bilinmeyen Taraflariyle, 254–5.
[31] Mustafa Sungur, Anarsi: Sebep ve Çareleri (Anarquía: Causas y Soluciones). (Estambul: Yeni Asya Yayinlari, 1979).
[32] Hürriyet, diario, 21-4-2004 (una entrevista concedida a Safa Kaplan).
[33] Para observar los efectos de la escuela turca en la isla de Mindanao, en el sur de Filipinas, y sobre cómo esta escuela trabajó como un refugio de paz, ver Thomas Michel “Fethullah Gülen as Educator” en M. Hakan Yavuz & John L. Esposito (eds.), Turkish Islam and the Secular State: The Gülen Movement, (Syracuse: Syracuse University Press, 2003), 69–84.
[34] Ver Thomas Michel, “Two Frontrunners for Peace: John Paul II and Fethullah Gülen.” Artículo no publicado, que fue presentado en el Simposio “The Front Runners of Peace”, organizado por la Fundación Cosmicus los días 16-18 de marzo de 2004 en Ámsterdam, Holanda.
[35] Fethullah Gülen, “Hosgoru Sürecinin Tahlili.” (Análisis del Proceso de Tolerancia). www.herkul.org.
[36] http://en.fgulen.com/a.page/tolerance.and.dialogue/fethullah.gulens.writings.speeches.and.interviews.on.tolerance/a1307.html
[37] Extraído del discurso de Gülen en el encuentro de la Fundación de los Periodistas y Escritores, 11 de febrero de 1995.
[38] Zafer Ozcan, “Kyrgyz Grants Gülen Contribution to Peace Award,”  Periódico Zaman, 11-03-2004.
[39] Fethullah Gülen, “Victory of the Spirit,” Sizinti, Julio de 1983, vol. 5, Número 54, editorial.
[40] 25 de enero de 1996 en Estambul.
[41] Gülen, Fetullah. “Tahrib Edilen Tabiat” (“La Naturaleza que Hemos Destruido”). Citado en Abdul Fattah Sahin. Zamanin Altin Dilimi (El Período Dorado del Tiempo). (Izmir: T.O.V. Yayinevi, 1991), 110–114. Ver también Zeki Saritoprak, “Fethullah Gülen,” Encyclopedia of Religion and Nature. ed. Bron Taylor, vol. I–II, (Bristol, Nueva York: Continuum, 2005).

 

 

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