En el verdadero Islam no existe el terrorismo

EN EL VERDADERO ISLAM NO EXISTE EL TERRORISMO

Entrevista con M. Fethullah Gulen

Los musulmanes deben decir: «En el verdadero Islam, el terrorismo no existe». En el Islam, matar a un ser humano es un acto tan grave como la infidelidad. Nadie puede matar a un ser humano. Nadie puede tocar a una persona inocente, incluso en tiempos de guerra. Nadie puede emitir un fatwa (pronunciamiento legal en el Islam) sobre este asunto. Nadie puede ser un terrorista suicida. Nadie puede abalanzarse sobre una multitud con explosivos adheridos a su cuerpo, sea cual sea la religión de dicha multitud, ya que el Islam no permite eso. Incluso en situación de guerra, cuando es difícil mantener un equilibrio, eso no está permitido en el Islam. El Islam dice: «No toquéis a los niños ni a la gente que adora en las iglesias».

Esto no ha sido dicho una sola vez, sino que ha sido repetido una y otra vez a lo largo de la historia. Lo que expresó nuestro maestro, el Profeta Muhammad, lo que dijo Abu Bakr y lo que señaló Ornar es lo mismo que posteriormente dijeron Salahaddin Ayyubi, Alparslan y Kilicarslan. Más tarde, el Sultán Mehmet II, el Conquistador, aplicó dicha regla tras su conquista de la capital del Imperio Bizantino. Por consiguiente, la ciudad de Constantinopla, donde reinaba el desconcierto, se convirtió en Istanbul. En esta ciudad, griegos y armenios, cristianos, judíos y musulmanes, en definitiva diferentes naciones y creencias, convivían unos con otros con total libertad y en paz. Poco tiempo   después   de   la   conquista   de

 

Constantinopla, la gente de la ciudad colgó en la muralla un enorme retrato del Conquistador en lugar del retrato del Patriarca. Es increíble que dicho comportamiento se manifestase en dicho momento. La historia cuenta que el Sultán hizo llamar al Patriarca y le dio la llave de la ciudad. Incluso hoy, el Patriarcado le recuerda con respeto. Sin embargo hoy el Islam, como en tantos otros aspectos, no es comprendido debidamente. El Islam ha respetado siempre diferentes puntos de vista c ideas, y esto debe entenderse para que pueda valorarse adecuadamente. Lamento decir que en los países donde viven los musulmanes, algunos líderes religiosos y musulmanes inmaduros no tengan a mano más arma que su interpretación fundamentalista del Islam. La usan para atraer a algunas personas hacia luchas que sirvan a sus propios propósitos. De hecho, el Islam es una fe verdadera y debe ser vivida sinceramente.

Con el fin de alcanzar la fe no se pueden usar medios falsos. En el Islam, del mismo modo que una meta ha de ser legítima, también han de serlo todos los medios para alcanzarla. Desde esta perspectiva, uno no puede alcanzar el Paraíso asesinando a otra persona. Un musulmán no puede decir: «Voy a matar a una persona y de esta manera alcanzaré el Paraíso». El beneplácito, la aprobación de Dios, no se alcanza matando gente. Uno de los objetivos de mayor importancia para un musulmán es conseguir la aprobación de Dios. Otro es dar a conocer al universo el nombre   de   Dios   Todopoderoso.

Los preceptos del Islam son claros. Los individuos no pueden declarar la guerra. Un grupo o una organización tampoco. La guerra es declarada por un Estado, no puede ser declarada sin un presidente o un ejército. De no ser asi, se trataría de un acto de terrorismo y en tal caso, se emprendería una guerra reuniendo alrededor de, y perdón por mi lenguaje, unos cuantos bandidos. Cualquier persona puede reunir a otros a su alrededor con este fin. Si la gente pudiese declarar la guerra a título individual, reinaría el caos; ya que se formarían frentes por doquier debido a pequeñas diferencias sin importancia, incluso por parte de gente cabal.

Algunas personas dirían: «Declaro la guerra a tal y tal persona». Una persona que sea tolerante con el Cristianismo podría ser acusada de la siguiente manera:

«Esta persona ayuda al Cristianismo y debilita el Islam. Se debe entablar hostilidad con el y hay que matarle». El resultado sería una declaración de guerra. Afortunadamente, ello no es tan fácil. Quien haga eso, a pesar de que sean eruditos que admiro, no declara una verdadera guerra. Esto contradice el espíritu del Islam. Las normas sobre la guerra y la paz están claramente establecidas en el Islam.

No existe un auténtico mundo musulmán

En mi opinión, no existe realmente un mundo musulmán. En ciertos lugares viven más musulmanes que en otros. El Islam se ha convertido en un modo de vida, en una cultura; no es seguido como si íuese una fe. Hay musulmanes que han reestructurado el Islam según sus ideas. No me refiero a los musulmanes radicales y extremistas, sino a los musulmanes comunes que viven el Islam como corresponde. Es condición indispensable del Islam creer «verdaderamente» y vivir de acuerdo al mismo. Los musulmanes han de asumir las responsabilidades inherentes al Islam. No se puede decir que semejantes sociedades con

 

Esos conceptos y esa filosofía existen en la geografía islámica. Si decimos que existen, entonces estamos difamando al Islam. Si decimos que el Islam no existe, estaremos entonces difamando a los seres humanos. No creo que los musulmanes puedan contribuir mucho al equilibrio del mundo en un futuro próximo. No veo a nuestros administradores con esa visión.

El mundo islámico es bastante ignorante, a pesar de su moderado resurgimiento cultural en nuestros días. Se puede comprobar este fenómeno durante el Hayy. Podemos verlo manifestado en conferencias y carteles. Podemos verlo en sus parlamentos, a través de la televisión. Hay una sería desigualdad en esta cuestión. Esos llamados musulmanes no pueden resolver los problemas del mundo. Tal vez eso se realice alguna vez en el futuro.

Hoy en día existe un Islam «individual». Hay algunos musulmanes en diferentes partes del mundo. Uno a uno se han ido separando entre si. Yo, personalmente, no conozco a nadie que sea un musulmán perfecto.

Si los musulmanes no se pueden poner en
contacto los unos con los otros y unirse, para
trabajar juntos y resolver problemas en
común,                    interpretar  el  Universo,

Comprenderlo bien, considerar cuidadosamente el universo según el Corán, interpretar bien el futuro, generar proyectos para el futuro, determinar su lugar en el futuro, entonces no creo que podamos hablar de un mundo islámico. Al no haber mundo islámico alguno, cada uno actúa de modo individual. Se puede incluso decir que hay algunos musulmanes con sus propias verdades personales. No se puede alegar que exista una comprensión musulmana consensuada, aprobada por expertos capacitados, fiablemente fundamentada sobre el Corán y repetidamente probada. Se podría decir que lo que predomina es la cultura musulmana   en vez de la cultura islámica.

Esto ha sido así desde el siglo V de la Hégira (S.XI d.C). Empezó en la era Abbasi y con la aparición de los ¿selécidas? Aumentó tras la conquista de Istanbul. En los períodos que siguieron, las puertas a nuevas interpretaciones se cerraron. Los horizontes del pensamiento se estrecharon. El aliento del espíritu del Islam se cerraba sobre sí mismo. Se empezó a ver gente menos escrupulosa en el mundo islámico; gente susceptible, que no aceptaba a los demás, que no se abrían. Esta estrechez se sintió también entre las cofradías de los derviches. Se dice que también se sintió en las Madrasas (escuelas de teología). Y, por supuesto, todos estos principios e interpretaciones precisan de revisión y renovación por gente experta en sus campos.

Nuestra responsabilidad

Es nuestro error; es un error de la nación. Es un error de la educación. Un musulmán real, uno que entiende el Islam en todos sus aspectos, no puede ser un terrorista. Es duro para una persona seguir siendo musulmán si está implicado en el terrorismo al mismo tiempo. La religión no permite el asesinato de personas para cumplir una meta.

Pero ¿qué esfuerzo hemos hecho para educar a esas personas como seres humanos perfectos? ¿Con qué elementos les hemos vinculado? ¿Qué tipo de responsabilidad hemos tomado en su educación, para que ahora esperemos que no se hagan terroristas?

Se puede evitar que las personas se hagan terroristas a través de algunas virtudes producidas por la fe musulmana, tal como el temor a Dios, temor al Día del Juicio Final y temor a oponerse a los principios de la religión. Sin embargo, no hemos establecido la sensibilidad necesaria sobre este asunto. Hasta la fecha sólo ha habido algunos pequeños intentos para tratar esta descuidada cuestión. Pero, desafortunadamente, algunos de nuestros propios compatriotas han puesto obstáculos en el camino. Algunos   dicen    que    el    tipo

 

de actividades que llevamos a cabo no
deberían ser permitidas. Por lo tanto, las
asignaturas en las que se enseña cultura y
moralidad deberían de prohibirse totalmente
en las instituciones de enseñanza. A la vez,
sostenemos que todas las necesidades de la
vida deberían de                 satisfacerse en las

escuelas. La educación sanitaria debería de
proporcionarse e                       impartirse por

médicos. Las asignaturas que tuviesen que ver
con la vida en general y en el hogar deberían
ser exhaustivamente                enseñadas en la

escuela.

A la gente se le debería enseñar cómo comportarse con sus futuras esposas y cómo educar a sus hijos. Pero el asunto no se detiene aquí. Tanto Turquía como otros países que poseen una gran población musulmana sufren del abuso de las drogas, el juego y la corrupción. No queda nadie en Turquía cuyo nombre no se haya visto involucrado en algún tipo de escándalo.

Ha habido metas que debían alcanzarse y se han logrado. Sin embargo, aún quedan objetivos por conseguir. No puedes preguntarle a nadie sobre esto. No puedes pedirle cuentas a la gente encargada. Están protegidos, cobijados, y por lo tanto, se les ha dejado en paz.

Son gente que ha crecido entre nosotros. Todos son hijos nuestros. ¿Por qué algunos se han convertido en malos chicos? ¿Por qué algunos se han criado como matones? ¿Por qué algunos de ellos se han rebelado contra los valores humanos? ¿Por qué en su propio país se autoinmolan en atentados suicidas?

Toda esta gente ha crecido entre nosotros. Por lo tanto, alguna falla ha debido de haber ocurrido en su educación. Luego, el sistema debe tener algunas deficiencias, algunos puntos débiles que precisan ser examinados y eliminados. En resumidas cuentas, no se ha dado prioridad a la educación del ser humano.

Mientras tanto, algunas generaciones se han perdido, destruido y malogrado.

Una juventud insatisfecha ha perdido su espiritualidad. Ciertas personas se aprovechan de ellos, dándoles un par de dólares o convirtiéndolos en robots. Los han drogado. Se trata de un tema que está a la orden del día y que puede leerse en todas las revistas. Se ha abusado de estos jóvenes hasta tal punto que pueden ser manipulados. Han sido utilizados como asesinos bajo el pretexto de unos ideales locos y se les ha hecho que maten. Gente perversa ha pretendido cumplir ciertos objetivos utilizando a estos jóvenes.

Se han convertido en robots. En una ocasión, mucha gente fue asesinada en Turquía. Este grupo mato a tal persona; ese otro grupo mató a otra persona. El 12 de marzo de 1971, todos se implicaron en una sangrienta lucha. El ejército apareció en escena e intervino. El 12 de septiembre de 1980, la gente salió a vengarse los unos de los otros. Todos se estuvieron matando entre ellos. (Turquía ha sufrido tres golpes de estado militares durante la segunda mitad del siglo XX. Las fechas mencionadas corresponden al primero y al segundo, los cuales acontecieron por el malestar social reinante.)

Unos querían conseguir algo matando a los demás. Todos eran terroristas. Los de un lado eran terroristas; los del otro, también, y cada uno calificaba la acción de modo diferente. Unos decían: «Hago esto en nombre del Islam». Otros decían: «Hago esto por mi tierra y mi gente». Un tercero decía: «Lucho contra el capitalismo y la explotación». Sólo eran palabras. El Corán habla de dichas «etiquetas». Son cosas sin valor. Pero la gente se sigue matando. Todos mataban en nombre de un ideal. En nombre de estos sangrientos «ideales» mucha gente fue asesinada. No era nada más que terrorismo. Tanto los musulmanes como los no musulmanes cometían el mismo error. Estos asesinatos se convirtieron en una meta «realizable». Asesinar se convirtió en inhabito. Todo el mundo se acostumbró a asesinar, a pesar de que   asesinar  sea   una  acción   perversa.

 

Una vez, uno de mis más queridos amigos mató a una serpiente. Era un licenciado en teología y es ahora un predicador. Como reacción ante lo que hizo, no le hablé durante un mes. Le dije: «Esa serpiente tenía derecho a vivir en la naturaleza. ¿Qué derecho tenías de matarla?».

Hoy por hoy, la situación es tal que si matan a diez o veinte personas o si las bajas no son tan elevadas como se esperaba, decimos: «Eso no está tan mal, no han muerto muchos». Esta increíble violencia se ha convertido en aceptable para la gente a unos niveles horrendos. Solemos decir: «Está bien que el número de muertos sea sólo veinte o treinta». En resumidas cuentas, la sociedad en general ha terminado por aceptar esto como parte de nuestras vidas.

Esta situación podría haber sido prevenida
por medio de la educación. Las leyes del
gobierno podrían haber prevenido eso.
Algunos grupos minoritarios y protegidos y a
los que no se los puede detener, exageran los
asuntos triviales y encumbran los
insignificantes. Existe un remedio para ello.
El remedio es enseñar la verdad directamente.
Se debe dejar claro que los musulmanes no
pueden ser terroristas. ¿Por qué? Pues porque
la gente ha de comprender que            si hacen

algo malo, aunque sólo sea del tamaño de un átomo, pagarán por ello en esta y en la Próxima Vida (El Corán, 99:7-8). En efecto, matar a un ser humano es algo serio. El Corán dice que matar a una sola persona es como matar a todo el mundo. Ibn Abbas dice que el asesino permanecerá en el infierno eternamente. Es el mismo castigo que el que se asigna a los incrédulos. Eso significa que el asesino estará sometido al mismo castigo que el incrédulo. Por lo tanto, en el Islam y respecto al castigo a recibir en el Día del Juicio Final, el asesino será considerado tan bajo como quien ha rechazado a Dios y al Profeta (es decir: un ateo). Si esto es un principio fundamental de la religión, debería ser  enseñado  a  través  de  la  educación.

Facebook
Twitter